Mierda para las palabras sin sangre, mierda para los que explican la vida con elegancia y corrección gramatical.
Nélida Piñón, El jardín de los Olivos.
Te prometo anarquía me decís
con ese gesto... ¿cuál gesto?
Ese gesto inadvertidamente ostentoso
de quien se siente dueño de sus horas,
de quien puede renunciar a su independencia
porque vive entre sus libertades,
de quien me pide las horas de un reloj aceitado con renuncias.
Lo peor de todo es tu paciencia,
(sí, me aburre la gente que hace de mi
una buena persona)
dejá que la envidia
me corroa un poco el esófago,
porque podrás imprimir en ésta frente
la fecha de caducidad de mi tormento
pero eso no atemperará esta apurada desesperación.
Así es, los nudos de un capricho no se deshacen con caricias.












